Más allá de las manipulaciones informativas, la guerra de Ucrania tiene como trasfondo la lucha por el dominio del mercado energético europeo entre Estados Unidos y Rusia. Además, es una guerra de estas potencias por la supremacía en el control de los gasoductos y las riquezas energéticas en Asia Central.
Una guerra donde los grandes ganadores son Estados Unidos, Rusia, India, China, las multinacionales que controlan los mercados mundiales de materias primas, los complejos militares de Estados Unidos y de Rusia, las grandes empresas fabricantes de armas y los grandes bancos de Estados Unidos e Inglaterra. Los grandes perdedores: Ucrania y Europa.

Ucrania es una simple ficha en el entramado oscuro de una serie de guerras armada, económica, financiera, energética y de comunicaciones entre otras entrelazadas que están teniendo graves repercusiones inflacionarias en el mundo. Por un lado, una crisis energética global y del otro una crisis económica y alimentaria de repercusiones también globales. Es evidente que las sanciones contra Rusia han tenido impactos enormes en las cadenas globales de suministros, dado el peso que tiene la económica rusa en el mundo.

Sanciones que, si bien han afectado a la economía rusa, han estrangulado a las economías europeas por los cortes de los suministros de gas de Rusia. Cortes que han llevado a la ruina a Alemania, la principal economía europea.

La apuesta de Estados Unidos fue enfrentar a Alemania y Rusia con el fin de quebrar a la principal economía europea. Se han revelado documentos secretos sobre cómo Estados Unidos orquesto el plan para provocar a Rusia, propiciar la guerra y enfrentar a los alemanes con los rusos y, desde luego, generar un efecto dominó en toda la UE para luego poner a una Europa debilitada y en apuros económicos al servicio de sus intereses estratégicos.

Europa se ha visto obligada a comprar gas licuado de Estados Unidos a precios más alto que el que importaba de Rusia. Los estadounidenses con sus manipulaciones bélicas están aprovechando para obtener enormes ganancias de la crisis energética europea.

Por los efectos de la guerra energética, las metas de las políticas de transiciones de energías fósiles a energías limpias han quedado en veremos en el mundo. El mayor fracaso ha sido en Alemania donde los planes de descarbonizaciones y las transiciones a energías limpias: solar y eólica han fracasado. De hecho, los alemanes han vuelto a las generaciones eléctricas con carbón.

En Francia la administración de Emanuel Macron, juega al gato y al ratón, desarrolla planes para incrementar más las generaciones de energía nuclear y se opone a la integración gasífera con España para no afectar sus intereses estratégicos como exportadores de energía.

En cambio, Inglaterra autoriza el uso de fracking en la búsqueda de soberanía y seguridad energética. Entre tanto, Estados Unidos, juega a varias bandas, habla de cambio climático, de economía verde, de transición energética y de energías limpias. Sin embargo, otorga nuevas las licencias de exploraciones y explotaciones de petróleo y gas en los dominios federales. A la vez, aplica con más vehemencia la técnica del fracking e incrementa sus producciones y exportaciones de carbón, petróleo y gas a Europa.

Dentro del contexto de los intereses económicos y geoestratégicos de estadounidenses y rusos por la supremacía en los mercados energéticos es buena examinar las estadísticas sobre la producción de energía en Colombia.

En Colombia existen 431.117 hogares que no tienen acceso al servicio de energía. De esa cifra 1.2 millones de familias campesinas cocinan con leña. En cuanto a las emisiones de gases de efecto invernadero de los 51.1 miles de millones de toneladas que se emiten en el mundo, lo que emite Colombia es solo un 0.57%. Entre tanto, China, Estados Unidos, India y Rusia son los principales países contaminantes del mundo con el 30.65%, el 13.54%, el 7.20% y el 4.52%.

En Colombia el uso del suelo, la agricultura, la ganadería y la deforestación son responsables del 59% de las emisiones de gases de efecto invernadero y el sector energético alcanza a generar un 14% de las emisiones. El 68,4% de la generación eléctrica colombiana proviene de centrales hidráulicas, el 30.6% de generación térmica, de las cuales el 13,3% con gas natural, el 7,8% con combustibles líquidos, 9,5% con carbón y solo el 1% de fuentes eólicas, solar y de biomasa. Es decir, el 69.4% de la energía que se consume en Colombia es energía limpia. Conclusión: la matriz de generación eléctrica colombiana es una de las más limpias del mundo.

Fuente: Jose Mosquera